Diseñar el determinismo en sistemas de inteligencia artificial
No podemos eliminar por completo la naturaleza probabilística de los LLM, pero sí diseñar sistemas que hagan sus decisiones de negocio suficientemente predecibles, trazables y fiab…
De gestionar proyectos a poner el despertador a las 2:50 de la madrugada para consumir mis tokens en doce minutos. Todo muy normal.
Creo que he tocado fondo. Y no porque lleve dos días durmiendo a ratos ni porque mi consumo de café esté empezando a preocupar a la industria farmacéutica. He tocado fondo porque me he descubierto organizando mi vida familiar, mis reuniones y mis horas de sueño alrededor de cuándo se reinician los tokens de una inteligencia artificial. Lo peor no es hacerlo. Lo peor es que, mientras lo hago, me parece una decisión perfectamente lógica. Casi estratégica. Digna de presentar en un comité de dirección.
Empiezo la semana con una energía espectacular. Tengo café, proyectos, ideas y, sobre todo, IA. Hoy voy a desarrollar tres funcionalidades, refactorizar medio proyecto y documentar una arquitectura. Estoy convencido de que la productividad humana acaba de alcanzar una nueva dimensión. Hasta que aparece el mensaje: «Has alcanzado tu límite de uso. Vuelve dentro de cinco horas». ¿Cinco horas? ¿Y qué hago yo ahora, trabajar como en 2022?
A las 9:05, después del disgusto inicial, hago lo que haría cualquier persona responsable: abro el calendario y empiezo a mover reuniones, adelantar la comida y reorganizar las tareas para que todo encaje con las 14:00. La familia sigue siendo importante, por supuesto. Siempre que no interfiera con la ventana de uso.
Estamos tranquilamente en la cama cuando pongo una alarma a las 2:50 de la madrugada. Mi pareja me pregunta si tengo que coger un avión o si directamente he perdido la cabeza. Le explico, con toda la naturalidad del mundo, que a las tres se reinician mis tokens y que sería una irresponsabilidad desaprovechar semejante oportunidad. Me mira fijamente. Intento explicarle cómo optimizar los ciclos de uso para maximizar la productividad. Sigue mirándome. Finalmente me pide que apague la luz. Creo que no ha entendido el potencial de mi estrategia. Estoy considerando prepararle un PowerPoint.
Suena la alarma y salto de la cama como si se hubiera caído producción un viernes por la tarde. Corro al portátil, preparo el café y espero esos diez minutos que me separan de la felicidad. A las 3:00 recupero mis tokens y empiezo a lanzar peticiones como si me fueran a cobrar por cada segundo que no utilizo. Primero una funcionalidad, después un refactor, luego una pequeña mejora de arquitectura y, ya que estamos, una revisión completa de algo que funcionaba perfectamente.
Estoy en mi mejor momento. Soy una máquina. La productividad no tiene límites.
A las 3:12 aparece el mensaje: «Has alcanzado tu límite de uso. Se restablecerá a las 8:25».
¿DOCE MINUTOS? ¿¡ME HE FUNDIDO TODOS LOS TOKENS EN DOCE PUTOS MINUTOS!?
Miro la pantalla, miro el café, que todavía está demasiado caliente para beberlo, y vuelvo a mirar la pantalla. Cinco horas y trece minutos esperando para doce minutos de felicidad. Una relación tóxica de manual.
Pero no pienso rendirme. Hago lo que haría cualquier adulto con las prioridades perfectamente claras: pongo otra alarma a las 8:25. Dormir ocho horas está sobrevalorado. Lo importante es la continuidad operativa.
Vuelve a sonar la alarma. Llevo dos días durmiendo a ratos, tengo unas ojeras que parecen dos centros de datos sin refrigeración y una cantidad de cafeína en sangre que probablemente incumple varias normativas europeas.
Pero los tokens han vuelto. ¡LOS TOKENS HAN VUELTO!
Me siento frente al portátil con la determinación de quien está a punto de terminar un proyecto que lleva semanas arrastrando. Esta vez no voy a desperdiciar ni una petición. Tengo todo perfectamente planificado: primero terminar la funcionalidad, después pasar los tests y finalmente revisar los cambios. Por supuesto, antes le pregunto a la IA si mi planificación es correcta. No vaya a ser que tenga que pensar por mi cuenta.
Cinco minutos después aparece un mensaje que jamás debería existir en una sociedad civilizada:
«Has alcanzado tu límite semanal. Tu acceso se restablecerá la próxima semana».
¿PERDONA? ¿SEMANAL? ¿¡CÓMO QUE SEMANAL!?
Actualizo la página, cierro sesión, vuelvo a entrar, compruebo la suscripción y hasta considero reiniciar el router, aunque sé perfectamente que no tiene nada que ver. He sacrificado el sueño, movido reuniones y reorganizado mi vida familiar para acabar el miércoles a las ocho y media mirando una pantalla que me dice que vuelva la semana que viene.
A las 8:31 llega el verdadero terror. Miro el código, miro el teclado y me hago una pregunta que nunca pensé que volvería a formularme:
¡¡¿Y AHORA QUÉ COÑO HAGO?!!
¿Programar yo? ¿Leer documentación? ¿Buscar en Stack Overflow? ¿PENSAR?
Por un instante considero escribir una función sin preguntarle antes a una IA si existe una forma mejor de hacerlo. Por suerte, recupero la cordura antes de cometer semejante imprudencia.
Llevamos años hablando de automatización, eficiencia, conciliación y productividad. Diseñamos sistemas para eliminar esperas y reducir dependencias. Y aquí estamos, poniendo despertadores a las tres de la mañana para hablar con una máquina que nos dice que volvamos dentro de cinco horas. Hemos pasado de gestionar nuestro tiempo a gestionar nuestra ansiedad por la próxima ventana de uso. Y lo peor es que seguramente alguien ya está desarrollando una aplicación para sincronizar los reinicios con el calendario. Utilizando IA, naturalmente.
En fin, voy a dejarlo aquí, que tengo cosas que hacer. Bueno, cosas que tenía pensado hacer. Porque sin tokens ya no sé si sigo siendo desarrollador o simplemente un señor con un portátil de 3.000 euros mirando fijamente una función que antes sabía programar.
Y ahora que lo pienso… ¿cómo coño se hacía un for?
P. D. Este artículo es humor. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Y si alguien sabe cómo sincronizar las ventanas de uso con Google Calendar, que me escriba. Es para un amigo.
alexsanz.me